Un mandala muy especial
Recordar a las personas y mascotas que han formado parte de nuestras vidas es un acto lleno de cariño que también podemos compartir con los más pequeños.
Hace unos días, con los alumnos de tercero, hicimos una actividad muy especial en el campo para trabajar el recuerdo y la memoria de nuestros seres queridos de una forma natural y bonita.
Aprovechando la salida a la naturaleza, además de visitar a los caballos y calentarnos con el rico sol del otoño, cada niño eligió un elemento del entorno que le pareció especial o bonito —una piedra, una hoja, un palito o una piña—. Después, escribimos en esos elementos los nombres de aquellas personas o mascotas que ya no están con nosotros. Algunos pensaron en un familiar, y muchos también en sus mascotas
Mientras escribíamos los nombres, dedicamos un tiempo a pensar en ellos: en lo que les gustaba hacer, en momentos felices que pasamos a su lado y en lo que significaron para cada uno. Después, quien quiso, compartió sus historias con el resto de compañeros y con las profesoras.
Con todos esos elementos cargados de significado, fuimos creando juntos un mandala en el suelo. Al terminar, nos cogimos de las manos alrededor de él y dimos las gracias por el regalo que había sido tener a todos y cada uno de ellos en nuestras vidas.
Es verdad que hablar de la muerte a veces hace que los niños conecten con la tristeza de la pérdida, y es completamente normal. Sin embargo, creemos que es muy positivo trabajar este tema en la escuela y sacarlo del tabú. La evidencia y la experiencia nos muestran que, cuanta más presencia y normalidad le demos al duelo desde pequeños, más herramientas tendrán después para transitar los momentos de pérdida que, antes o después, terminarán viviendo a lo largo de sus vidas.
Esta actividad nos ha permitido recordar a nuestros seres queridos desde el amor, en un entorno seguro donde podíamos permitirnos llorar si necesitábamos un abrazo o sonreír al contar una anécdota. Ha sido un proceso precioso para acompañarnos, ver en qué punto está cada uno y, sobre todo, valorar el auténtico regalo que han sido esos familiares y mascotas en nuestras vidas.

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